Las semillas que trasladan los turistas e investigadores que visitan la Antártida entre su ropa y sus equipos podrían alterar la biodiversidad del continente.
Las especies invasivas no autóctonas son una de las principales causas de cambios en la biodiversidad del planeta. La llegada de una nueva especie, resistente al clima y las amenazas de la zona, puede extenderse rápidamente alterando la fisonomía y la biodiversidad de un sector.
Esta es una de las grandes amenazas y preocupaciones de los investigadores y organismos internacionales dedicados a preservarla Antártida. Este continente, que durante miles de años estuvo aislado del contacto con el hombre y otras áreas del planeta, hoy se ve amenazado por la llegada de especies no autóctonas que podrían alterar su ecosistema.
Un estudio realizado por científicos de varios países analizó más de 2600 semillas y fragmentos de plantas que llevaron entre sus ropas, bolsas y equipos los investigadores y turistas que visitaron la Antártida en 2007 y 2008.
“Queríamos comprender los riesgos que amenazan ala Antártida, analizando qué semillas están llegando, de dónde vienen y qué posibilidades existen de que se desarrollen allí”, explicó el Profesor Steven Chown, Director del Centro de Excelencia de Biología Invasiva dela Universidadde Stellenbosch en Sudáfrica.
De acuerdo con el estudio, las personas que visitan la Antártida transportan en promedio menos de 10 semillas cada una. Sin embargo ya se han identificado varias especies no autóctonas desarrollándose en la región dela Península Antártica, un área que podría volverse favorable para su desarrollo en los próximos años debido al cambio climático.
Además, muchos de los visitantes que llegan a las costas del continente Antártico lo hacen desde regiones frías, por lo que muchas de esas especies que transportan consigo ya están adaptadas a las bajas temperaturas y podrían soportar las gélidas condiciones climáticas de algunos de los destinos Antárticos.
Para el estudio, los investigadores analizaron y realizaron un cuestionario a un 2% de los 33 mil turistas y 7 mil científicos que anualmente recibe el continente blanco. Algunos de los estudios consistieron en aspirar sus ropas, mochilas y hasta fundas de cámaras en busca de semillas.
El proyecto fue realizado por investigadores de distintos países en el marco del Año Polar Internacional (IPY 2007 – 2009).
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