[Arte, Entrevistas]
12 mayo, 2012

Artistas argentinos en la Antártida negra (Parte I)

Ansilta Grizas en la Antartida

Ansilta Grizas, una sanjuanina de 24 años, y su pareja Federico Peretti, partieron a mediados de febrero a la Antártida con el fin de retratar el continente en un film. Fueron seleccionados entre 250 proyectos que se presentaron en el programa “Arte y Cultura”, realizado por la Dirección Nacional del Antártico Argentina.

 

Fueron seleccionados artistas nacionales y extranjeros que participaron de la campaña de verano 2012 que consistió en una residencia de los participantes en las bases argentinas. Por los argentinos participaron: Adriana Lestido (fotografía), Margarita García Faure (pintura), Carla Graciano (escultura), Ansilta Grizas y Federico Peretti (perfomance), Guido Yannito (instalación) y Lorena Avallar (perfomance). Por los extranjeros: Gastón Lacombe (Canada-EE UU), Diego Narváez (México), Verena Stenke y Andrea Pagnes (Alemania-Italia), Kenneth Colorado (EE UU-Canadá) y Mary Tahan (EE UU-Canadá).

Como montañista a Ansilta le interesan los lugares extremos y la Antártida es uno de ellos. Sin embargo, al no haber estudiado ninguna carrera afín al continente, no pensaba que alguna vez pudiera viajar, hasta que se enteró de la convocatoria para hacer la residencia cultural. “Conocía a una persona que había vivido un año en la Base Esperanza, la esposa de un militar y todas las historias que me contaba eran increíbles, ella es la que más me incentivó a que presente un proyecto”, contó.

Su pareja, Federico Peretti, trabaja en cine, video y fotografía, al igual que ella. Venían trabajando juntos y cuando propuso viajar a la Antártida decidieron armar un proyecto: “Está re bueno trabajar con tu pareja, porque las ideas se alimentan de los dos lados. Fue una experiencia rarísima trabajar juntos en ese contexto, te alimenta un montón”.

En cuanto a la convivencia Ansilta contó que ante un enojo, no se podía ir a tomar un café a la esquina: “El lugar me sensibilizaba mucho, es un lugar tan desolado, inhóspito y gigante, tenía los sentimientos a flor de piel”. Tanto en Decepción  como en Base Cámara no hay internet ni teléfono, sólo podían comunicarse por radio y dependían de que un barco los fuera a buscar.

El proyecto que habían presentado trataba de retratar el hielo y el blanco, además buscaban el viento. Ellos pensaban que iban a pasar un mes en Base Esperanza, donde todo es blanco. Sin embargo, terminaron yendo a la Isla Decepción, que es todo lo contrario a lo que se puede pensar de la Antártida: es una isla volcánica, negra, el hielo que hay está tapado por la ceniza volcánica, hay una neblina baja permanente, el volcán puede explotar en cualquier momento.

Isla Decepción

“Tiene como algo de siniestro la isla”, recordó. Finalmente armaron un trabajo con telas rojas, interviniendo el paisaje. Filmaron planos muy grandes donde se ve  a una persona roja que va caminando. Además habían llevado una música minimalista y conceptual  que les había preparado un amigo. Luego de dos semanas en Decepción, pasaron unos días en Base Cámara donde sí encontraron un paisaje blanco. El trabajo final consistió en dos videos que duran cuatro minutos entre ambos.

El regreso a Ushuaia para poder volver a Buenos Aires fue en barco. Fueron cinco días de navegación que incluyeron el cruce del pasaje de Drake. “Yo me descomponía, y me dije “no vuelvo más”, pero ahora que veo las fotos y sí volvería. Es una experiencia muy intensa y se te cruzan un montón de sentimientos. Mientras estaba allá me decía “no, no vuelvo más, ya está, ya cumplí el sueño”, pero ahora sí volvería; me quedaron cosas por hacer, me gustaría visitar bases permanentes como Esperanza, lugares con más blanco”.

Base Cámara

El trabajo realizado en la Antártida por los artistas argentinos y extranjeros será presentado en septiembre en una nueva muestra Sur Polar. La idea de Ansilta es poder presentar este y otros cortos filmados en lugares extremos, como el desierto en la provincia argentina de San Juan, en festivales de cine.

La vida cotidiana

Vimos muchas películas. Los chicos que estaban en la base desde algunos meses antes que nosotros tenían otras tantas. Yo también hago acuarelas así que me las llevé para trabajar. Generalmente se armaban mesas de mate y dibujo. También salíamos mucho a caminar, comíamos, ayudábamos a cocinar, incluso hicimos tortas. Es una vida muy relajada a diferencia de Buenos Aires”.

“Nos levantábamos a las 9 de la mañana, desayunábamos, salíamos a caminar, hacíamos algunas tomas, al mediodía volvíamos a la base porque era el horario de almuerzo, y después aprovechábamos las horas de luz para salir a caminar. Si había mucho viento no podíamos salir mucho. Cuando volvíamos a la tarde bajábamos las fotos y las editábamos. A las nueve cenábamos y  máximo a las once estábamos durmiendo. El ritmo de la vida allá es así, no podés esperar hacer las cosas al ritmo de vida de Buenos Aires”.

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Por:

Es periodista, tiene 22 años y desde 2009 se desempeña en distintas áreas del periodismo. Es Editora de la sección de Arte de Antártida Urbana.

marina@antartidaurbana.com

3 thoughts on “Artistas argentinos en la Antártida negra (Parte I)

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