[Science]
13 May, 2010

Las ballenas y el cambio climático

Las heces o caca de las ballenas que navegan aguas antárticas pueden aumentar la capacidad de almacenamiento de CO2 del Océano Austral. Esto se debe a que los excrementos de estos gigantes marinos contienen inmensas cantidades de hierro y este elemento promueve el crecimiento de algas microscópicas conocidas como fitoplancton. El fitoplancton conforma la base de la red trófica o alimenticia marina, por lo que su abundancia es fundamental para sostener la vida de todas las especies que habitan el océano.

Un estudio realizado por la División Antártica Australiana (DAA) descubrió las enormes cantidades de hierro contenidas en las fecas de ballenas. De acuerdo al director del equipo científico de la DAA, Stephen Nichol, antes del exterminio masivo de ballenas por parte de la industria ballenera antártica, las heces de ballena aportaban cerca del 12 por ciento del hierro en la superficie del Océano Austral.

El hierro es crucial para la salud del océano porque el fitoplancton depende de él para crecer. Por lo tanto, proteger las ballenas del Océano Austral es fundamental para mantener niveles de hierro que sostengan poblaciones saludables de estas minúsculas algas que cumplen un rol significativo en la captura de CO2.

La investigación australiana además evidencia que el kril antártico – un crustáceo similar a un camarón que se alimenta de fitoplancton y que constituye la principal fuente de alimento para las ballenas en el Océano Austral – concentra el hierro del fitoplancton en sus tejidos.

Estudios previos ya sugerían que las ballenas reciclan el hierro al alimentarse de kril y retornarlo al océano a través de sus heces para que sea utilizado por el fitoplancton. Sin embargo, la investigación de la DAA es la primera en confirmar las significativas cantidades de hierro contenidas en el excremento de estos grandes cetáceos.

Las muestras analizadas en la investigación demuestran que las fecas de ballena contienen 10 millones de veces más hierro que las aguas marinas antárticas. También confirma que la mayoría del hierro encontrado en las fecas de ballenas proviene del kril consumido por los cetáceos.

Utilizando estimaciones poblaciones de ballenas antes de la ballenería comercial, el estudio sugiere que estos mamíferos marinos alguna vez consumieron cerca de 190 millones de toneladas de kril al año, produciendo más de 7,500 toneladas de heces enriquecidas con hierro.

Como resultado, las históricamente abundantes concentraciones de ballenas en el Océano Austral habrían producido inmensas cantidades de hierro que a su vez produjeron mayores poblaciones de fitoplancton y subsecuentemente, de kril.

Considerando que el kril antártico constituye el principal alimento de peces, aves y mamíferos marinos que habitan la antártica, el aporte de hierro contenido en las heces de ballena resulta clave para el funcionamiento del ecosistema marino del Océano Austral.

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